Llega a una metáfora de la historia a través de objetos, en su mayoría simples herramientas de trabajo, requiere de ingenio, maestría y agudeza de pensamiento. Esa es la propuesta que nos hace Alexander Beatón, en una casi imposible reducción de elementos y formas que conforman un micro mundo donde, existencia, sobrevivencia y habilidad transitan por caminos paralelos y alternativos, en una suerte de embudo cuya disposición está orientada casi siempre del Occidente al Oriente y donde las manualidades se implican en la propia selección de los objetos, resúmenes para una constante polisemia cuyo corpus principal nos remite al mundo de la forja y el chispazo, del golpe y el aguante, corpus isleño donde los elementos presentados se humanizan hasta alcanzar un lenguaje otro, ajeno a las lecturas lineales y por lo tanto convencionales, en una búsqueda afanosa por conceptuar los contextos, los textos y los pretextos en un atrevido enfoque donde lo provinciano es rechazado y aprehendido, exaltado y criticado, de tal forma que los opuestos se trastocan, las funciones se subvierten y lo fundamental y paradójico: la historia, aparentemente comprimida, se ensancha en un acercamiento que tiene de alguna manera que ver con una interpretación de la existencia cercana a los presupuestos de un Heidegger o un Wittgenstein, donde la instrumentalidad que Beatón repite en innumerables variaciones para una suerte de arqueología de Las ideas, donde el afán de entendimiento y tolerancia se unen a diálogo y la iluminación.
Con el dibujo estilizado y por lo tanto suficiente, Beatón nos presenta todo un muestrario de objetos que suelen ser sujetos, a partir de la idea primaria del yunque y la mano que la golpea, mano que en ocasiones trepa por la increíble mano de plátanos o se esconde detrás de una manivela, mano que rema o escarba, pero que siempre, y es lo principal, apela por un lenguaje de la resistencia y la futuridad.
Estamos en presencia de un dibujo que parece realizado a punta de escalpelo y que por su filo hace un corte diacrónico insular, trasmutando los objetos en otros objetos, fusionando elementos primitivos (como el yunque) o medievales (como las almenas), con ventanitas aéreas perfectamente localizadas en la estreches del embudo, por donde imaginamos la retropulsión de un Boeing o el despegue de un Jumbo ¿Rompecabezas lúdico? ¿Ironía cercana a la caricatura? Es posible, Beatón sigue el periplo de la esfera, sabe que el universo, de lo macro a lo micro, es circularidad y movimiento, colisión y engranaje.
Los dibujos, todos acrílico, poseen un trazo preciso que no requiere de adornos porque la forma ha sido previamente pensada hasta las últimas consecuencias, el bisturí completa el recorrido de la idea en un periplo que va del concepto al objeto y viceversa, en una consiente y poderosa ruptura de los límites.
Publicado: domingo 29 de septiembre del 2019.
Última modificación: miércoles 09 de octubre del 2019.



